domingo, 10 de febrero de 2013

El pintor de bóvedas.



Era increíble, llevaba sólo tres días trabajando en aquella pequeña ermita y ya había abocetado toda la cúpula, había dado los colores base y empezaba a definir la cara del ángel central.

El ímpetu de hacer bien mi trabajo y de dejar en buen lugar a la gente que había confiado en mi, me hizo adelantar bastante el trabajo respecto a mis propias pretensiones. Cada cuarto de hora bajaba de la gran escalera y me tumbaba en el suelo para contemplar mi trabajo desde un punto de vista más general. el frío suelo de la ermita reconfortaba mis articulaciones, doloridas por los largos periodos que pasaba con el brazo en alto manteniendo el equilibrio en la escalera. La soledad que me proporcionaba la pequeña ermita perdida en la montaña me permitía abstraerme en mi pintura, olvidándome del mundo exterior. Los dos primeros día estuve bajando al pueblo a dormir en una posada, donde me había instalado, pero pensé que si acampaba en la ermita, a parte de quitarme de en medio trayectos de varios kilómetros por los sinuosos caminos, podría dedicarle más tiempo a mis pinturas, levantarme más temprano y acostarme más tarde, quería que esta bóveda fuera mi mejor obra.

Me acerqué por la mañana a la Iglesia del pueblo en donde oficiaba don Sebastian, a pesar de sus setenta y cuatro años, el cura desprendía una vitalidad que parecía haber sido otorgada por el propio espíritu santo. Oficiaba con ímpetu dos misas de hora y media todos los días a pesar de la avanzada edad y de sus únicos feligreses. Me entrevisté con él para pedirle su consentimiento y poder quedarme en la ermita.

- ¡ Don Sebastian ! – Grité por las escaleras mientras se despedía de sus feligresas.
- Tengo que hablar con usted, es por la pintura de la bóveda. 
- Dime hijo mío, que es lo que te pasa - 
- Pues verá, creo que voy a necesitar más tiempo para terminarla, y había pensado si podía quedarme a dormir en la ermita.-
El cura guardó silencio por un momento y puso una expresión reflexiva  en su rostro.
- ¿Crees que es necesario? – Me preguntó mirándome fijamente a los ojos. 
Durante unos instantes me planteé si mentirle a un siervo del señor sería un pecado aun más grabe que mentirle a una persona cualquiera, pero mis ganas de triunfar en la vida articularon mi boca para emitir las palabras de las que me terminé arrepintiendo.
- Totalmente...-
Me sorprendí a mi mismo al ver la facilidad y la naturalidad con la que le mentía a aquel anciano, y empecé a decirle que la textura y la porosidad de la piedra de la ermita absorbía más pintura de la que me esperaba y que sería necesario darle otra capa más, lo que aumentaría el tiempo de la labor.

El cura aceptó mi proposición, era evidente que quería que terminara las pinturas antes de las fiestas de la aldea cuyas fechas eran próximas.
- Está bien, quédate a dormir allí, pero ten mucho cuidado e intenta no salir de la ermita cuando se ponga el sol, esos parajes no son seguros por la noche...- Dijo el cura dándome a entender que si tenia cualquier problema no abría allí nadie que pudiera echarme una mano.

Eufórico por haberme salido con la mía, corrí a la única tienda de alimentación de la aldea y compré todo lo que creí necesario para pasar una semana entera en la ermita. Recogí todos mis objetos de la habitación de la posada y los cargué en la furgoneta dispuesto a crear la mejor obra de mi vida, trabajo por el que sería recordado durante mucho tiempo.

Al llegar, entré a la ermita mirando directamente al techo para volver a ver lo que llevaba hecho y por donde iba a seguir, todas la figuras carecían de rasgos humanos, menos el ángel central, piedra angular de toda la obra, tenia que ser lo más real posible, y la dificultad residía en la expresión de sus ojos. Me subí a la escalera y seguí pintando la cara del ángel. Pasaban las horas y no conseguía dar con la expresividad de aquella pintura, el resto de la bóveda quedó en un segundo plano y me centré en el ángel, tenía que ser perfecto, no paraba de cubrir su rostro de pintura base para volver a empezar. Pasaba horas sobre aquella destartalada escalera, solo bajaba para comer, dormir y contemplar la nueva expresión del ángel, que nunca terminaba de gustarme.

¿Una crisis artística? ¿A estas alturas de mi vida? ¿En este preciso momento? No, no me lo podía permitir, el tiempo pasaba y sabía que era perfectamente capaz de dar con la expresión adecuada, sólo era cuestión de tiempo

 En tres días el cansancio y la soledad empezaron a hacer mella en mi salud, pasaba tanto tiempo observando el rostro de aquel ángel tras haberlo cambiado tantas veces de expresión, que cuando me levantaba por la mañana y lo observaba, me sorprendía al no reconocer la expresión pintada. La falta de sueño y el cansancio me jugaban malas pasadas, cada vez dormía menos y pasaba más tiempo sobre la escalera. Al quinto día creí haber dado con la expresión de la cara, pero todavía no me convencían los ojos, así que me dediqué a sus ojos. Las horas pasaban, el tiempo se fundía y mis articulaciones agonizaban, ese puto ángel se sobreponía a mi talento, y eso no podía permitirlo. Cerré los ojos para descansar la vista, que empezaba a nublarse a causa del sueño, no se cuanto tiempo pasé con los ojos cerrados, pero  cuando los abrí, observé la mejor expresión en la mirada que había pintado nunca, eso era lo que buscaba, una expresión casi real, pero...
Un momento, algo no estaba bien... la mirada del ángel no observaba la escena de la natividad como estaba abocetado desde el principio, sino que me observaba a mi, me miraba directamente a los ojos. Y no se si fue algo sobrenatural o a causa de la fatiga mental pero juro por mis seres más queridos que el ángel guiñó los ojos, aquella percepción colapsó mi cerebro haciendo que las articulaciones dejaran de responder y me caí de la escalera. Mientras caía, no podía dejar de observar la expresión del ángel. Tras el impacto con el suelo me quedé inmóvil sintiendo como la sangre se escapaba por detrás de mi cabeza, empezaba a perder la consciencia y mi campo de visión se oscurecía mientras contemplaba como a la expresión inmóvil del ángel, parecía agradarle mi situación.

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